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Para que un personaje sea creíble para el lector, necesitamos dotarlo de ciertas características. En primer lugar, haremos siempre una descripción física: la materialidad es el primer plano de la construcción. También añadiremos detalles sociológicos (su condición social, familiar, laboral o la que corresponda al personaje). Finalmente, pero no menos importante, el aspecto psicológico: dudas, temores, convicciones, angustias, etc.

Con todos esos detalles, que el autor irá desgranando a lo largo de los primeros capítulos, aquellos en los que también nos ubica en la situación, se da vida al personaje.

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25 abr 2012, por

Diminutivos

Dr. Benavente

Queridito Dr. Benavente:

 

Mi hermanita de siete años me dijo que soy una burrita, porque le hice mal la tarea. Es que la pequeñita no gusta de hacer los deberes que le envían en el colegio. Que divinura, ¿no? Debería verla, doctorcito, es tan bonita, y muy muy inteligente, pero algo terca. Igual la quiero muchito, porque es mi terroncito de azúcar, es por eso que no le digo a mi mamita que le hago la tarea de la escuela. Pero ella me dijo que le va a decir a mamita que soy yo la responsable de su mala nota en el cuaderno, porque puse “cacita” en vez de “casita”. Mi hermanita dice que va con “c”… ¿Usted qué piensa?

Saluditos

La Hermana Mayor

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Hay cierta idea, especialmente entre aquellos que no tienen profundos conocimientos sobre el tema, de que la poesía es un género “ligero”, “facilito”, que quien escribe poesía es porque no es capaz de escribir algo “más importante”. Pues, señores míos, nada más lejos de la verdad. La poesía no es fácil ni para quien escribe ni para quien lee. Requiere un esfuerzo intelectual que pocos están dispuestos a hacer en este mundo de lo veloz y lo descartable, en el que la banalidad sobrevuela todos los ámbitos (y hasta ha tomado posesión de algunos de ellos). Y para entender la poesía hay que trabajar. Mucho. Y para escribir poesía, aún más.

La poesía toma muchas formas: poema, haiku, prosa poética, microrrelato. La poesía no es un “qué” sino un “cómo”. Es decir, no es lo que decimos, sino cómo lo decimos. Podemos hablar del clima, poéticamente, y podemos, poéticamente, describir una manzana. Y hay poesía sin palabras.

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23 abr 2012, por

Dequeismo

Dr. Benavente

Estimado Dr. Benavente:

 

Tengo un problema urgente. Me fui a hacer atender a mi médico de cabecera y me dijo de que él no es la persona adecuada para atenderme. Ante mi desesperación me aseguró de que conocía a alguien que quizás pudiera ayudarme, y por eso me pasó su contacto. Al parecer dice de que mi problema está dado por un uso excesivo de la palabra “DE”. De hecho, no precisó hacer ni radiografías ni análisis de sangre; estaba convencido de que usted percibiría lo mismo que él. Yo opino de que no debe ser nada grave. Creo que de amontonamientos de “DE” no murió nadie, ¿no? Pero bueno, por las dudas… ¿mi seguro médico cubrirá mi consulta?

El sin diagnóstico

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Lo que sí podemos afirmar, sin (demasiado) temor a equivocarnos, es que así como cuando hablamos de cuento y novela mencionamos permanentemente al lector, cuando hablamos de poesía nos olvidamos de él. Porque no hay nada más subjetivo, personal, críptico y emocional, que la poesía. El poeta no escribe pensando en un lector ideal, ni aspira a ser comprendido, ni necesita que su escritura sea coherente (aunque siempre tendrá sentido). El poeta escribe, manifiesta, expresa, declara, confiesa… y, a la vez, oculta.

Porque, cuando se trata de poesía, muy raras veces las palabras conservan su significado literal, y lo que el texto nos dice es algo diferente a lo que está escrito. En la poesía, las palabras adquieren nuevos significados. Por eso cada poema, cada texto poético, es único e irrepetible. No hay fórmulas para hacer poesía, no hay formas fijas para la poesía. La poesía puede manifestarse de mil maneras, todas distintas, con y sin lenguaje escrito o hablado. En palabras del poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer: “Podrá no haber poetas, pero siempre / habrá poesía.”

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Hola Dr. Benavente:

 

Valla, doctor, no esperaba escribirle alguna vez, pero me es inevitable, porque mi madre me ha dicho que no me va a llevar de vacaciones hasta que no acepte que mi maya es linda. O algo así… porque ya le escrito una carta de arrepentimiento diciéndole que mi maya es muy bonita y que no importa que tenga esas margaritas deformes en la espalda, que yo me la pondría de todas formas, pero después de la carta fue peor, porque ahora dice que antes que ir de viaje, mejor que me quede estudiando. Dice que si no aprendo a escribir, me tendré que quedar en casa cuando mi familia se valla a los callos de la Florida a nadar con las rallas. No sé qué tendrá que ver la ortografía con la estética, pero espero pueda ayudarme, doctor, porque no me quiero perder las vacaciones…

Saludos!

Yo

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Podríamos decir que, en la narrativa, hay tantos tonos como narradores. O, mejor aún, y para ser más precisos, hay tantos tonos como emociones o estados de ánimo pretenda transmitir el narrador. Además, en el caso de una novela, cada uno de los personajes tendrá su tono propio, que ayuda, en parte, a identificarlo, forma parte de su personalidad: alegre, melancólico, dubitativo, irónico, etc. (pero esto lo veremos en otra ocasión).

Ahora bien, vamos a aclarar algo: cuando hablamos del tono de la narración, esto es, el del narrador, no significa (igual que ocurre con otros elementos que hemos visto) que será el tono del escritor. Quiero decir: no será (no debería ser) nuestra personalidad la que se refleje en el texto, sino que serán las emociones que deseamos transmitir a nuestros lectores.

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Estimado Dr. Benavente:

 Soy yo de nuevo, y quiero agradecerle por su explicación tan completa. Gracias a usted pude disculparme con mi mujer y me dejó volver a dormir al dormitorio. Sin embargo, sigo con algunos problemas. Es que ahora mis actividades domésticas han sido ampliadas: pretende que la espere todas las noches con la cena preparada. ¿A usted le parece? Y yo que no sé cocinar… Además, después de su respuesta, me encuentro queriendo hervir coliflor y no tengo ni idea de si es una palabra masculina o femenina. ¿Es “la” o “el”? ¿Podría ayudarme a salir de este brete?

Agradecido de antemano.

Amo de Casa Desesperado

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Cuando un escritor dice que odia los talleres literarios, en parte, está incurriendo en una contradicción. Alguien que conozca el oficio debe saber de sobra que la literatura es, en su más pura esencia, un ejercicio de taller.

Se acerca más a lo que significa ser escritor la imagen del orfebre que la del sabio místico. El escritor, como el orfebre, tiene a su disposición una materia prima y una serie de herramientas. Su trabajo consiste en forjar la palabra.

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Muy bien. Ya tienes una idea (o, por lo menos, algo flota en tu cabeza) y decides que es hora de comenzar a escribir la historia.

Como dijimos, el desencadenante de la historia es un conflicto que le sucede a alguien. Y ese alguien es… ¡claro!, un personaje, el protagonista de tu narración.

En un cuento, es posible (según la historia que se cuente), que haya un solo personaje, como es el caso de “Las ruinas circulares”, de Borges. Hay, sí, además del protagonista, un narrador omnipresente, un portavoz, que nos va relatando los hechos, pero que no tiene presencia real en lo que sucede. Más difícil sería una novela con un único personaje, ya que una trama tan larga necesita apoyo para desarrollarse.

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