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Como comenzamos a ver en un artículo anterior, es importante el tono que elegimos para contar nuestra historia, porque ese tono reflejará las emociones que queremos transmitir a nuestros lectores.

Flickr: josephconti1870

Por supuesto que no es necesario (ni deseable, en general) mantener un único tono a través de toda la narración, especialmente cuando se trata de una novela. Si el tono general elegido es el humor, puede haber momentos en que sea necesario un tono más reflexivo, o hasta dramático, si buscamos un “golpe de efecto” y sorprender al lector (su atención, por favor: se ruega  no confundir “golpe de efecto” con “golpe bajo”).

El tono general + el tema constituirán, finalmente, el sello de identidad de esa novela, lo que la “clasificará” (mal que nos pese) como novela humorística, novela dramática, novela de suspenso, etc…

Pero, además, como también decíamos, cada uno de nuestros personajes tiene sus propias características, y de nosotros depende que los lectores puedan identificarlos e identificarse. Para eso, habíamos visto, deben estar bien construidos. Y su tono es parte de la construcción.

Soy lo que soy

Vamos a ver… todos tenemos grupos de amigos. Y dentro de ese grupo cada uno tiene su personalidad, algo que lo define e identifica. Podemos tener, por ejemplo, al que siempre se queja, o al que nunca se enoja, al que siempre está alegre, y al melancólico, al que “se las sabe todas”, y al que nunca entiende de qué se habla…

Como los lectores no tienen toda una vida de conocer a nuestros personajes, debemos darles pautas para que puedan “captar” rápidamente quién es quién. El tono del personaje es de gran ayuda. Si uno de ellos es un “sabelotodo”, por ejemplo, podemos hacer que use un lenguaje muy preciso y hasta complicado, con términos poco habituales en el lenguaje coloquial, con muchas citas de personajes famosos o no tan famosos, etc. Si tenemos un personaje “del bajo mundo”, usará términos que se usan habitualmente en ese ambiente, o en las prisiones, será de pocas palabras y muchos silencios, su vocabulario será limitado, etc (sí, son estereotipos, y no debemos usarlos tal cual, pero son un buen punto de partida, especialmente cuando estamos aprendiendo).

Tres tristes tigres

Un recurso que los buenos escritores manejan muy bien para crear tonos, sensaciones, ambientes, es el sonido de las palabras. Las palabras que tienen “rr”, o “t”, o “tr”, o “ch”, por ejemplo, dan sensación de fuerza, dureza, obstáculo, rigidez; las palabras que tienen “ll” (doble ele), o “l” (ele), o “b”, o “bl”, entre otros sonidos, dan sensación de debilidad, languidez, lentitud…  En este caso, es un recurso compartido por el ritmo y el tono, ya que también se usa para reforzar el ritmo que queremos imprimir a la acción.

Nuevamente, te propongo un ejercicio: toma tu novela o cuento preferido (de un autor que maneje muy bien los recursos literarios), lee en voz alta, y trata de identificar sonidos repetidos. De ese modo podrás darte cuenta cuánto influyen esos sonidos en el ritmo y el tono del relato. Si quieres, puedes probar a escribir un texto corto, y tratar de incorporar este recurso. Te advierto: no es fácil, pero ¡no te desanimes!… todo se consigue con práctica.

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