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Como habíamos visto, definir la extensión apropiada o ideal para un microrrelato es una tarea difícil, ya que hay opiniones encontradas al respecto. Pero, como también explicamos, hay una especie de acuerdo general acerca de la clasificación de los relatos breves, según su extensión. Para estudiar los microrrelatos tomaremos como referente a David Lagmanovich, que ya presentamos en un artículo anterior. David Lagmanovich hizo una recopilación de más de cien microrrelatos, y estableció clases, por cantidad de palabras. Así, los dividió, luego de un exhaustivo análisis, en los de más de 30 palabras (pero ninguno supera las 40, 45 palabras), los de entre 20 y 30 palabas, y los de menos de 20 palabras. Cabe aclarar que, en el caso de tener título, también se cuentan la cantidad de palabras que éste tenga, como parte del texto. Es que, en el caso de los microrrelatos, el título suele ser importante para comprender o ampliar el relato.

Flickr: Newhaircut

Sin embargo, dada la dificultad de establecer límites precisos, decide, finalmente, separar en dos grandes grupos: aquellos que tienen más de 20 palabras, y los que tienen menos de esa cantidad.

Antes de pasar a los ejemplos, vamos a aclarar cuestiones que tienen con ver con la estructura de estos textos, y los recursos habituales que usan los escritores que incursionan en este terreno, tan difícil como asombroso (para el lector) y rico en matices.

Receta para un microrrelato

Obviamente, no se trata de una fórmula mágica, sino de algunos recursos que pueden servir al escritor que quiera comenzar a escribir microrrelatos. Para este tema, acudiremos a los estudios realizados por Dolores Koch, doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Nueva York, y especialista en este género. Dolores Koch explica que estos recursos no son previos, es decir, los escritores de microrrelatos no se han basado en ellos para su redacción, sino que se han obtenido por destilación, podríamos decir, por el análisis de los microrrelatos escritos por autores reconocidos. Koch comprobó que había doce recursos usados en forma recurrente en este género, y que, en ocasiones, podía encontrarse más de uno por texto.

Como no podemos enumerarlos todos, veremos algunos de los más habituales, como el de la “lógica inesperada”. En este caso, el remate del relato hiperbreve sorprende por su contradicción o falta de lógica. O, para mejor expresarlo, por romper con la lógica – lógica. Por si no se entendió, he aquí un ejemplo, “Amor”, de Julio Cortázar:

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.”

O este otro de César Vallejo, sin título:

“Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar.”

Pariente cercano de este recurso es el de la lógica “desviada”:

“—Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—. Acabo de decirle la verdad al rey.”  (“Veritas odium parit”, de Marco Denevi)

“Como temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.”  (“El harén de un tímido”, de René Avilés Fabila)

La sorpresa también puede darse por un cambio abrupto en el contexto:

“Seguir el reguero de manchas, ¿no será peligroso? ¿Cómo saber que conducen al cadáver, y no hasta el asesino? (Pero las manchas son de tinta y llevan hasta la palabra fin).” (“Pista falsa”, de Ana María Shua)

“Esas sirenas enloquecidas que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises.”  (“La búsqueda”, de Edmundo Valadés)

Hemos obviado los microrrelatos más conocidos, para mostrar una pequeña porción de la variedad que encontramos dentro de este género, que, si bien resulta difícil y trabajoso (si queremos hacerlo bien) también da enormes satisfacciones.

Basarnos en estos recursos puede ser de gran utilidad, tanto para comenzar a escribir microrrelatos, como para comprender qué es un microrrelato, algo difícil, a veces, de explicar. Como práctica, podemos buscar microrrelatos no intencionales dentro de otros textos, y veremos que son más frecuentes de lo que suponemos.

Para quienes quieran conocer más acerca del microrrelato y sus autores, recomendamos la lectura de los ensayos de Lagmanovich y Koch.

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Microrrelatos: de la brevedad como una forma de arte

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