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En el artículo anterior, quedó claro que la materia prima del cuento es la historia. No la destreza con el computador, ni el basto diccionario en la cabeza del escritor, ni su facilidad para crear metáforas. Sin una historia no hay cuento. Punto.

Flickr: Parker Michael Knight

Una conclusión lógica de lo anterior es que en todo cuento hay una historia. Pero no toda historia tiene que narrarse en forma de cuento. Esto se debe a que al cuento tiene unas características que lo diferencian de la novela, la crónica o la anécdota familiar. Me ocuparé de las que considero las más importantes:

1.    Un cuento es acción

Esta característica, desde luego, también es esencial en las otras formas narrativas, porque, en el nivel más básico, una historia es una serie de acciones. Que sirva esta adaptación de la anécdota de Chéjov, referida por Piliga, como ejemplo:

Juan, en Medellín, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida.

Un cuento, por tanto, puede sobrevivir a la ausencia de figuras literarias, de adjetivos, a la mala ortografía, inclusive… pero, de ninguna manera, puede sobrevivir a la ausencia de acciones.

2.    Un cuento es breve

La brevedad es un término complicado de definir. Porque algo no es breve en sí mismo, sino respecto a un punto de comparación. Podría decirse que el cuento es más breve que la novela. Que busca la economía. El cuento nos muestra un detalle de algo y la novela, una vista panorámica.

Y mientras que la novela puede darse el lujo de detenerse en cada personaje, de presentar historias secundarias (un ejemplo clásico es el Quijote con todas las novelas cortas en su interior), el cuento se ocupa de un solo asunto. A esto podemos asociar el término de brevedad.

Retomemos la anécdota de Chéjov. Si queremos escribir un cuento con esa historia, debemos centrarnos sólo en las escenas, las acciones, y los aspectos de los personajes que nos ayuden a resolver la secuencia principal.

Si Juan vive con su familia, podríamos estar tentados a hablar sobre cada uno de sus integrantes.  Es posible que descubramos que su madre es un personaje muy especial, pero, a menos que esto sea determinante en el hecho de que Juan vaya al casino y, después de ganar, se suicide, no podemos perder el tiempo con ella.

Por lo tanto, otro término con el que podríamos asociar brevedad es con precisión. García Márquez lo dijo una vez: “Una cosa es una historia larga, y otra, una alargada”. Así, hay muy buenos cuentos de muchas páginas y novelas de muy pocas.

3.    ¡Ups!… Un cuento también es dos historias

Esto puede sonar opuesto al numeral anterior. Pero no. Creo que la analogía más adecuada para resolver el dilema es la del iceberg de Hemingway. El cuento sólo narra la punta, todo lo demás, una montaña, está invisible bajo la superficie del agua.

En el caso de los cuentos de detectives, la segunda historia es clara: se revela al final, es la verdadera naturaleza del misterio. En la superficie, está la historia del detective tratando de resolver el crimen. Y en el fondo, la verdad: ¿quién lo cometió, cómo, y por qué?

Carlos Piglia, en su teoría sobre el cuento, se ocupa de la anécdota de Chéjov. Lo visible son las acciones del protagonista:

Juan, en Medellín, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida.

Pero, ¿por qué se suicida si acaba de ganar? Si hubiera perdido, tendría más sentido. La respuesta a esa pregunta, que se debe venir insinuando desde el principio, de lo contrario, sería trampa, es la segunda historia.

Podría ser que su madre lo haya empujado hasta esa situación, que esté obligado a ganar por alguna circunstancia, o que, simplemente, haya decidido morir desde el principio y que la visita al casino sea una parada más en su último día de vida.

Pero esta segunda historia debe permanecer siempre insinuada. No debe competir con la principal. Esto garantiza el ‘efecto cuento’, por decirlo de alguna manera. En el momento en que el lector empiece a preguntarse “¿pero de qué se trata este cuento?”, el narrador va perdiendo.

Nota: El ejercicio de esta ocasión está sugerido en todo el artículo. Tomemos los personajes y la situación que veníamos estudiando desde el artículo anterior y, según lo que hemos visto, ¡escribamos un cuento! Para que se hagan a una idea, les recomiendo leer  Los asesinos, de Hemingway, y El Álbum, de Chéjov.

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