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“Existe una historia cuando a alguien le ocurre algo que cambia el estado de cosas y se pierde el control sobre su entorno. Entonces esa persona reacciona, es consciente de que se rompió el balance y pronto entiende lo que debe hacer para recuperar esa armonía en la que vivía: luchar contra fuerzas antagonistas. A veces lo consigue, a veces no”. Robert McKee.

Flickr: deflam

Narrar una historia no está limitado a un género específico, ni siquiera a la literatura. Se narra en la novela, en el cuento, en el cine, en el mito y en una conversación casual con los amigos. Todo el tiempo estamos oyendo o contando historias: Las novedades del vecino, la tragedia del fin de semana, la visita al odontólogo… Algunas tribus en África y América no tienen literatura, pero sí sus historias fundacionales. El niño de dos años, que aún no tiene dominio pleno sobre la correcta forma de la lengua, cuenta también, constantemente, sus problemas y alegrías matutinos.

La habilidad de un buen narrador, sin embargo, consiste en no dejar escapar a su público. En mantener la tensión necesaria. En saber dónde soltar un punto de giro  —ese instante donde los personajes o la situación cambian—. Y, por supuesto, en llevar la historia a un desenlace satisfactorio. Esto aplica tanto para la amiga en la cafetería que nos cuenta su última desventura con la uña postiza, como para el que pretenda escribir un cuento o una novela. Una historia que no emocione es palabra muerta.

El guionista norteamericano Robert McKee lo dice de una forma contundente: “Los grandes maestros cuentacuentos saben cómo sacar vida de las cosas más diminutas, mientras que los de mala calidad reducen lo profundo a banalidades”.

¿Qué hacer para aprender a narrar? El mismo McKee insiste en la ausencia de fórmulas. Y es cierto, no sería una labor creativa, tan esquiva, por lo general, de haber una receta mágica. Hay, sin embargo, algunas cosas que se pueden hacer para estimular el músculo narrativo.

Gabriel García Márquez afirma que no se sienta a escribir una letra a menos que tenga la novela completa en su cabeza. Lo que subyace a esta afirmación es una idea interesante: Conozcan todos los pormenores de su historia, todos los matices, todos los personajes, hasta los más insignificantes, y sólo entonces, narren. No es un método universal, claro. Cortázar, en el otro extremo, rara vez sabía cómo se iban a desarrollar sus cuentos. Pero, como ejercicio, es más útil la experiencia del colombiano. No todos nos llevamos tan bien con las musas como el buen Julio.

Un ejercicio

Como propuesta de taller, ¿qué tal si todos usamos una misma situación? En el documento sobre el cuento, que recomendé en el artículo anterior, Ricardo Piglia, el autor, refiere una anécdota de Chéjov. Éste anotó en una de sus libretas lo siguiente: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”.

Bien, les propongo que usemos esta anécdota y la convirtamos en una historia. Exploremos, en esta primera etapa, todos esos posibles detalles que hay detrás. Para esto, hagamos dos cosas:

  1. Tomemos notas sobre nuestro protagonista: ¿Cómo se llama? ¿Cuál es su apariencia? ¿Dónde vive? —no es necesario que sea en Montecarlo—. ¿Cuántos años tiene? ¿Cuál es su personalidad?… En fin, todo lo que se nos ocurra. Hagámoslo, primero, como una lista, nada elaborado. Y luego, escribamos un texto, a modo de retrato o reseña biográfica, con esa información.
  2. Describamos, paso a paso, los acontecimientos de la historia, a partir de la anécdota de Chéjov. Por ahora, no nos preocupemos por el tono, ni por el tiempo de la narración, ni desde dónde narrar… Tratemos de no pensar en los problemas técnicos. No pretendemos acá más que saber qué le va a pasar a ese personaje. Conocer el argumento. ¿Qué ocurre, cómo, por qué? ¿Hay otros personajes  involucrados? ¿Cuáles? ¿Va nuestro personaje al casino en autobús, a pie, en su propio auto? ¿Come antes de salir? ¿Va de afán? ¿Visita frecuentemente el casino o es la primera vez?… Ya ustedes verán. No se contengan. Eso sí, tengan en cuenta los puntos de giro, los cambios inesperados, los problemas que el personaje deberá sortear para lograr sus objetivos.

Guarden esta información. En el próximo artículo, nos ocuparemos del cuento.

Nota: Si están interesados en la poesía, les recomiendo los artículos de Patricia Rossi sobre el tema, publicados en esta misma página.

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