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¿Por qué alguien escribe poesía, y no prosa?

¿Por qué decimos que un texto es un poema, aunque no rime?

¿Hay buena y mala poesía? ¿Dónde radica la diferencia?

¿Hay poesía o hay poema? Y más: ¿hay poesía sin poema?

¿Hay lugar para la poesía en un mundo globalizado?

¿Cuál es la función social de la poesía?

Flickr: Licor de mandarina

Estas son sólo algunas (pocas, muy pocas) de las preguntas que nos surgen cuando comenzamos a analizar la temática de la poesía como forma literaria. Es que la poesía tiene, desde hace un tiempo, un lugar casi marginal dentro de la literatura. Pocos son los escritores que escriben poesía, pocos quienes leen poesía, y muchos menos quienes entienden que la poesía, como género literario, es tan importante como la novela o el cuento.

Hay cierta idea, especialmente entre aquellos que no tienen profundos conocimientos sobre el tema, de que la poesía es un género “ligero”, “facilito”, que quien escribe poesía es porque no es capaz de escribir algo “más importante”. Pues, señores míos, nada más lejos de la verdad. La poesía no es fácil ni para quien escribe ni para quien lee. Requiere un esfuerzo intelectual que pocos están dispuestos a hacer en este mundo de lo veloz y lo descartable, en el que la banalidad sobrevuela todos los ámbitos (y hasta ha tomado posesión de algunos de ellos). Y para entender la poesía hay que trabajar. Mucho. Y para escribir poesía, aún más.

La poesía toma muchas formas: poema, haiku, prosa poética, microrrelato. La poesía no es un “qué” sino un “cómo”. Es decir, no es lo que decimos, sino cómo lo decimos. Podemos hablar del clima, poéticamente, y podemos, poéticamente, describir una manzana. Y hay poesía sin palabras.

La poesía tiene un origen religioso, y es una de las formas literarias más antiguas. De hecho, el texto escrito más antiguo que se ha encontrado es el “Poema de Gilgamesh”, que narra las aventuras del rey de Uruk, Gilgamesh, y su enfrentamiento con Enkidu. El texto, basado, probablemente, en leyendas y tradiciones sumerias, tiene un trasfondo filosófico-religioso en el que el tema de la inmortalidad está siempre presente.

Pero si vamos a hablar de poemas, eso es otra cosa. Porque el poema es, como dijimos, una de las formas de la poesía, sólo una. ¿Y qué lo que hace que un texto sea un poema? No la poesía por sí misma, sin duda. O el tema. Pero, probablemente, el ritmo sea la característica particular que transforma un texto cualquiera en un poema. El ritmo y el lenguaje. No por las palabras que se usan, sino por cómo se las usa. En un poema, cada palabra cuenta. Y, muchas veces, adquiere un significado totalmente diferente del que puede tener en otro contexto.

¿Y sólo eso define a un poema? No, sólo eso no. También está la “differance” de Derrida. Lo que está más allá de la palabra, lo que “desborda la representación”, aquello que no se puede transmitir con palabras. El significado simbólico, o como queramos llamarlo. Lo que despierta en cada uno de nosotros, lectores. Lo que habita más allá del lenguaje y lo trasciende.

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