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Analizar la poesía, en general, el mundo de la poesía y los poetas, nos envuelve en una serie de dudas y conflictos no resueltos y que, por supuesto, no pretendemos desentrañar: filósofos y poetas han intentado hacerlo y, si bien no fracasaron, cada uno ha llegado a su propia conclusión sobre la esencia de la poesía, sobre su “utilidad” o “inutilidad”, sobre su integración en el mundo o su escisión de la realidad.

Si nos atenemos a la definición del diccionario, María Moliner dice que poesía es un “Género literario exquisito; por la materia, que es el aspecto bello o emotivo de las cosas; por la forma de expresión, basada en imágenes extraídas de sutiles relaciones descubiertas por la imaginación, y por el lenguaje, a la vez sugestivo y musical, generalmente sometido a la disciplina del verso.” También “Composición literaria en verso”. La RAE se acerca un poco más a lo que es la poesía moderna: “Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa.”

Flickr: cursedthing

Sin embargo, ambas definiciones están lejos de la realidad: la poesía no es siempre manifestación de belleza. Acierta más la Real Academia Española, al decir que puede haber poesía en el verso o la prosa.

Lo que sí podemos afirmar, sin (demasiado) temor a equivocarnos, es que así como cuando hablamos de cuento y novela mencionamos permanentemente al lector, cuando hablamos de poesía nos olvidamos de él. Porque no hay nada más subjetivo, personal, críptico y emocional, que la poesía. El poeta no escribe pensando en un lector ideal, ni aspira a ser comprendido, ni necesita que su escritura sea coherente (aunque siempre tendrá sentido). El poeta escribe, manifiesta, expresa, declara, confiesa… y, a la vez, oculta.

Porque, cuando se trata de poesía, muy raras veces las palabras conservan su significado literal, y lo que el texto nos dice es algo diferente a lo que está escrito. En la poesía, las palabras adquieren nuevos significados. Por eso cada poema, cada texto poético, es único e irrepetible. No hay fórmulas para hacer poesía, no hay formas fijas para la poesía. La poesía puede manifestarse de mil maneras, todas distintas, con y sin lenguaje escrito o hablado. En palabras del poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer: “Podrá no haber poetas, pero siempre / habrá poesía.”

De todo esto resulta que es muy difícil (imposible, más bien) determinar qué es poesía y qué no, decidir cuándo estamos frente a un poema y cuándo frente a un simple texto. Octavio Paz agrega un poco de sal al tema diciendo: “(…) no todo poema – o para ser exactos: no toda obra construida bajo las leyes del metro – contiene poesía. (…) Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico – estrofas, metros y rimas – ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar pero no de poetizar. Por otra parte, hay poesía sin poemas; paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas. Pues bien, cuando la poesía se da como una condensación del azar o es una cristalización de poderes y circunstancias ajenos a la voluntad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo poético.”

Juan José Saer arroja un rayo de luz sobre este dilema: “Para que la poesía se haga evidente, es necesario que su lectura desencadene a su vez un extrañamiento, lo que atenta, en la lectura crítica y lingüística, contra el prejuicio de la razón.”

El corazón tiene razones…

Parece, entonces, que podemos reconocer la poesía de forma intuitiva, perceptiva:

Intuición: “Acto intelectivo que proporciona el conocimiento de las cosas por su sola percepción, sin razonamientos.” (MM) “Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento.” (RAE)

Percepción: “Enterarse de la existencia de una cosa por los sentidos, o por la inteligencia servida por los sentidos” (MM). “Sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos.” (RAE)

Quizás podemos decir, entonces, que la poesía tiene que ver, además de con el ritmo y el lenguaje, como dijimos en un artículo anterior, con una determinada “estética”. Esta palabra viene del griego «aisthëtiké», y significa “propio de los sentidos”. La poesía apunta a nuestros sentidos, los obliga a funcionar y movilizarse, a captar las señales que se transmitirán a nuestro cerebro, responsable de interpretarlas. Y cada uno de nosotros interpretará a su manera. Y no nos equivocaremos. Todas las interpretaciones son válidas y verdaderas.

Porque, como dice Octavio Paz: “Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro”.

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