¡Escribe tu libro ya!

 

Hola Dr. Benavente:

 

Valla, doctor, no esperaba escribirle alguna vez, pero me es inevitable, porque mi madre me ha dicho que no me va a llevar de vacaciones hasta que no acepte que mi maya es linda. O algo así… porque ya le escrito una carta de arrepentimiento diciéndole que mi maya es muy bonita y que no importa que tenga esas margaritas deformes en la espalda, que yo me la pondría de todas formas, pero después de la carta fue peor, porque ahora dice que antes que ir de viaje, mejor que me quede estudiando. Dice que si no aprendo a escribir, me tendré que quedar en casa cuando mi familia se valla a los callos de la Florida a nadar con las rallas. No sé qué tendrá que ver la ortografía con la estética, pero espero pueda ayudarme, doctor, porque no me quiero perder las vacaciones…

Saludos!

Yo

 

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Hola “io”:

 Si, de ahora en más serás “io”, al menos hasta que aprendas a escribir mejor. Pero como viene el asunto, espero con suerte que puedas visitar los “caYos” de la Florida al menos en tu luna de miel. Tu madre tiene razón, pobre mujer, no solo te quejas de la “maLLa” que te compró, sino que además ni siquiera sabes escribir la palabra correctamente.

Quédate tranquila, que existe mucha gente que se va a perder sus vacaciones; demasiada, te diría, teniendo en cuenta que ya casi nadie parece poder diferenciar algo tan básico como saber si las palabras se escriben con “ll” o con “y”.

Aunque éstas no son las únicas que causan problemas, porque diferenciar, en muchos casos, entre “b” y “v” o entre “s” y “c” también le resulta complicado a mucha gente que parece haber obtenido su título escolar en un curso on-line de hora y media de duración.

Paso a explicarte: la palabra en cuestión, “malla”, suena muy similar a otra, “maya”, por eso se dice que son homófonas. Esto quiere decir que suenan igual, pero se escriben de manera diferente, como podrás observar, y además tienen significado distinto. En la acepción más conocida, los mayas son una antigua civilización que vivió mayoritariamente en el territorio del actual México.

No puedo saber si los mayas utilizaron trajes de baños para sumergirse en el agua, como esa malla que te compró tu progenitora, con las margaritas deformes, según tu descripción, pero ciertamente se trata de palabras que se escriben diferentes.

De todas maneras, a partir de tu consulta puedo notar que no es el único inconveniente que tienes a la hora de diferenciar el uso de la “ll” del uso de la “y”. ¿A qué se debe esto, además de al hecho de que la educación está en declive? A que la antigua “i griega”, que desde la última reforma de los simpáticos miembros de la Real Academia Española se ha pasado a llamar “ye”, representa dos sonidos. Uno es muy similar a la “i” (que ya tampoco es latina). Por ejemplo: voy o estoy. Pero el asunto llega con la representación del otro sonido, el que se asemeja al dígrafo “ll”, porque sí, ahora la “doble l” ya no existe más como letra, porque los señores de sacos polvorientos se dieron cuenta de que se trata de la suma de dos letras que forman un fonema, o sea, un dígrafo. Podría explicarte qué es un fonema, pero… mmm, mejor “no tirarle margaritas a los chanchos”.

El problema no se da en todos los usos consonánticos de la “y”. A menos que no “haYas” (WARNING!) ido al colegio, supongo que los demás los comprenderás solita. Pero lo cierto es que el problema se vuelve grave porque desde hace bastante tiempo, en especial en Latinoamérica y en ciertas zonas de España, el sonido no se diferencia tanto como en otras épocas. Mientras que antes se solía decir “cal-l-i-e”, separando delicadamente el dígrafo, ahora la “calle” pasó a ser “caye”, y claro que aquellas palabras que llevan “y” siguen pronunciándose con fuerza y en un único sonido, que suena a algo así como “she”: leyó, cayeron. Por esto la confusión.

Veamos otros inconvenientes:

“Para que vaYas de viaje, deberás antes saltar muchas vaLLas para complacer a tu madre. Ah, nada de comer baYas antes se subirte al avión… ¡VaYa!, me apiado de aquel que se siente a tu lado”.

Como verás, estas cuatro palabras suenan de la misma manera, lo que se presta a confusión. Espera, hay más:

“Espero que haYas encontrado respuesta a tu consulta, que si tu madre haLLa sitio en el vuelo quizás puedas viajar a conocer a las raYas, que son animales acuáticos y horrendos y poco tienen que ver con la palabra raLLa, que es la tercera persona del singular del presente del indicativo del verbo ‘rallar’”.

Por último:

“Estoy seguro de que los caYos de la Florida son mucho más hermosos que cualquier otro caLLo, que no es más que una dureza molesta y desagradable que suele formarse en los pies o en las manos”.

¿Ya ves, “io”, por qué es tan importante aprender a diferenciar? No hay reglas que se puedan enseñar en estos casos, solo basta conocer cada palabra y su significado y luego dejarte guiar por el contexto. Claro, sé que es difícil, en especial en el caso de gente como tú, que parece que ha faltado al colegio el día de las lecciones más importantes, pero no importa, tú síguelo intentando. Y recuerda que los libros no muerden, niñata. Espero que las raYas tampoco…

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