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El microrrelato es una forma muy especial de literatura. Se trata de textos breves, brevísimos, que no tienen, en general, más de 40 palabras, en una o varias oraciones. Y expresan, por supuesto, una idea completa, un concepto o, incluso, toda una visión filosófica. Según David Lagmanovich, escritor y teórico argentino, y uno de los mayores especialistas en microrrelatos, estos son “cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas”.

 

Muchas discusiones hay acerca de cuál es la cantidad máxima de palabras que debería tener un microrrelato. Por eso se suele clasificar a estos textos en relatos breves, hiperbreves y microrrelatos, según su extensión. Cuando se trata de un relato de varias páginas estamos ante un “relato breve”, un cuento, pero no un microrrelato.

Aunque parece un “invento moderno”, el relato hiperbreve tiene su origen en la primera mitad del siglo XX, con los breves poemas en prosa de los escritores simbolistas (Rubén Darío, entre ellos). Pero fue en la segunda mitad de ese siglo que se extendió como técnica narrativa. El gran salto “a la popularidad” se dio con el microrrelato “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso, que ya hemos mencionado con anterioridad. Aunque está más extendido en Latinoamérica, también en España hay escritores de microrrelatos, y en países de habla no hispana.

Entre los escritores que cultivaron este género mencionaremos sólo algunos: Julio Cortázar, Juan Rulfo, Franz Kafka, Paul Valéry, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, Max Aub, Ana María Matute, Ana María Shua, García Márquez, Jorge Luis Borges, Marco Denevi.

Qué es y cómo es un microrrelato

Es importante tener en cuenta que un microrrelato no lo es simplemente por el hecho de ser breve, sino que debe tener “expresividad narrativa”, según el decir de José María Merino, escritor español. Y según Ricardo Piglia, escritor argentino, un microrrelato debe contar dos historias: una, subyacente, es la idea central, lo no expresado; la segunda es el hilo conductor, “lo que se lee”, lo expresado.

Lo que podemos extraer como resumen de distintas definiciones, es que el relato hiperbreve debe narrar algo, indefectiblemente. Y debe hacerlo de modo tal que el lector pueda completar la historia, lo que no se dice. Gerald Prince, especialista en teoría narrativa y profesor de literatura francesa moderna en la Universidad de Pennsylvania, llama a esta característica lo  “desnarrado” (disnarrated).

La economía de recursos es imperativa, por eso cada palabra importa, más que nunca. El escritor deberá librarse de personajes, descripciones, trama, estructuras, y todo lo que hemos visto hasta ahora como características del cuento y la novela. La concisión, la intensidad de la palabra, serán sus únicas herramientas.

A la vez, el microrrelato requiere, de parte del lector, un esfuerzo intelectual, una nueva forma de leer, un verdadero trabajo de interpretación. En ese sentido, se asemeja (aunque sólo desde la distancia) a la poesía.

Dicen los que saben, que escribir un buen microrrelato es más difícil que escribir una novela. Y yo creo que debe ser cierto (aunque todavía no lo intenté).

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