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Escenificar es poner en situación a los personajes. No basta con que el narrador diga que el personaje está triste o alegre, hay que mostrar esa tristeza o alegría a través de acciones. Una mirada esquiva, un tic nervioso en alguna de las manos, un tartamudeo… pueden ser más efectivos a la hora de describir un estado emocional que salirse con la fácil y nombrar la emoción.

Los estados de ánimo son complejos y la función de un buen narrador consiste en observar y destilar esa complejidad, pero sin perderla. ¿Es necesario que alguien llore para mostrar que está triste?, ¿que frunza el ceño para mostrar desprecio?, ¿que enseñe los dientes para el odio?

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Doctor, doctor:

 

Ayer me peleé todo el día con mi hermano mayor. Primero me dijo que soy un “estúpido” y que mi existencia es una lágrima. Que soy tan duro como un ópalo, que tengo la inteligencia de una espátula y que soy tan feo como su tarántula. Cuando le empecé a pegar, me dijo que esperaba que me ahogase en el océano o que me extraviara en el Triángulo de las Bermudas. Le fui a decir a mi mamá, para que me defendiera, pero ella se río. Me dijo que mi hermano era un ídolo, y que yo no era más que un esdrújulo. ¿Le parece? No entendí nada. ¿Podrá usted ayudarme?

El Esdrújulo

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El tono general + el tema constituirán, finalmente, el sello de identidad de esa novela, lo que la “clasificará” (mal que nos pese) como novela humorística, novela dramática, novela de suspenso, etc…

Pero, además, como también decíamos, cada uno de nuestros personajes tiene sus propias características, y de nosotros depende que los lectores puedan identificarlos e identificarse. Para eso, habíamos visto, deben estar bien construidos. Y su tono es parte de la construcción.

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3 may 2012, por

Palabras graves

Dr. Benavente

Estimado Dr. Benavente:

Le informo para su tranquilidad que no he sido operado y que sigo vivo, por lo que su respuesta a mi anterior consulta ha llegado a mis manos. No con esto quiero decir que estoy curado, para nada, de hecho mi hijo mayor asegura que mi estado es grave, pero antes de decirme nada más, sigue leyendo las recetas y recomendaciones e insistiendo en que el médico que atiende mi caso no sabe acentuar. Esto me preocupa, ¿usted podrá ayudarme?

Ex enfermo agudo, ahora grave

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Como habíamos visto, definir la extensión apropiada o ideal para un microrrelato es una tarea difícil, ya que hay opiniones encontradas al respecto. Pero, como también explicamos, hay una especie de acuerdo general acerca de la clasificación de los relatos breves, según su extensión. Para estudiar los microrrelatos tomaremos como referente a David Lagmanovich, que ya presentamos en un artículo anterior. David Lagmanovich hizo una recopilación de más de cien microrrelatos, y estableció clases, por cantidad de palabras. Así, los dividió, luego de un exhaustivo análisis, en los de más de 30 palabras (pero ninguno supera las 40, 45 palabras), los de entre 20 y 30 palabas, y los de menos de 20 palabras. Cabe aclarar que, en el caso de tener título, también se cuentan la cantidad de palabras que éste tenga, como parte del texto. Es que, en el caso de los microrrelatos, el título suele ser importante para comprender o ampliar el relato.

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1 may 2012, por

Palabras agudas

Dr. Benavente

Estimado Dr. Benavente:

 Estoy un poco harto de consultas, porque no dejo de andar de médico en médico, pero creo que en este caso necesito otro tipo de doctor y por eso recurro a usted. Mientras yo yacía tirado en una cama de hospital, nervioso y sudoroso ante el posible diagnóstico del cirujano de turno, mi hijo, a mi lado, me hablaba de gramática. Yo enfermo del corazón y con problemas de riñón, ¿me entiende, doctor Benavente?, y mi hijo mayor quejándose de la falta de acentos en las palabras que el doctor había escrito en su recetario. ¿Cómo si alguien entendiese alguna vez la letra de médico? ¿Me ayuda, doctor?

Enfermo agudo

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En el artículo anterior, quedó claro que la materia prima del cuento es la historia. No la destreza con el computador, ni el basto diccionario en la cabeza del escritor, ni su facilidad para crear metáforas. Sin una historia no hay cuento. Punto.

Una conclusión lógica de lo anterior es que en todo cuento hay una historia. Pero no toda historia tiene que narrarse en forma de cuento. Esto se debe a que al cuento tiene unas características que lo diferencian de la novela, la crónica o la anécdota familiar.

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El análisis y clasificación de la poesía tradicional se ha basado en la forma del texto, es decir, en el poema, su división en estrofas y la longitud de los versos. Queda claro que esta clasificación sólo es aplicable a la poesía española, ya que, en otros idiomas, las sílabas (unidad mínima de cada verso) son diferentes a las del español. Además, en otras lenguas no se toma el verso como unidad básica para el análisis, sino elementos como la acentuación o la entonación.

Tradicionalmente, se consideraba poema aquella construcción en versos rimados. Sin entrar en detalles (como versos agudos o esdrújulos, con o sin sinalefa, acentos estróficos, y otras complicaciones que no tienen sentido aquí), la clasificación más básica corresponde a la cantidad de sílabas de cada verso, que van de las dos sílabas (bisílabos), a las catorce (alejandrino).

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28 abr 2012, por

Los porques

Dr. Benavente

Doctor Benavente:

Mi mami me dijo que tú tendrías todas las respuestas a mis preguntas. Ella ya no me contesta, porque dice que perdió las respuestas bajo el lavarropas, y cada vez que quiero saber algo tiene la mirada perdida. Creo que no me escucha. Así que si tú puedes ayudarme, me gustaría que me mandaras una carta larga, con mi nombre en un sobre verde. Puede traerla el cartero y dejarla en nuestro buzón que parece una casita. O si no… ¡Sí! ¡Mejor! Que la traiga una paloma mensajera. Entonces, quiero saber: ¿Porque el cielo es celeste? Y… por que llueve. Por que los payasos siempre están tristes… Será por qué usan esa pintura para la cara tan fea. Y…

Preguntón

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Narrar una historia no está limitado a un género específico, ni siquiera a la literatura. Se narra en la novela, en el cuento, en el cine, en el mito y en una conversación casual con los amigos. Todo el tiempo estamos oyendo o contando historias: Las novedades del vecino, la tragedia del fin de semana, la visita al odontólogo… Algunas tribus en África y América no tienen literatura, pero sí sus historias fundacionales. El niño de dos años, que aún no tiene dominio pleno sobre la correcta forma de la lengua, cuenta también, constantemente, sus problemas y alegrías matutinos.

La habilidad de un buen narrador, sin embargo, consiste en no dejar escapar a su público. En mantener la tensión necesaria. En saber dónde soltar un punto de giro —ese instante donde los personajes o la situación cambian—. Y, por supuesto, en llevar la historia a un desenlace satisfactorio. Esto aplica tanto para la amiga en la cafetería que nos cuenta su última desventura con la uña postiza, como para el que pretenda escribir un cuento o una novela. Una historia que no emocione es palabra muerta.

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